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febrero 5, 2006 / Parte del Boletín Nº 18 0

Venciendo el temor: (In) seguridad ciudadana y desarrollo humano en Costa Rica

¿Qué explica la inseguridad en uno de los países más seguros de América Latina? Lara Blanco Rothe, coordinadora INDH Costa Rica 2005, describe algunas claves para entender este fenómeno

Lara Blanco, coordinadora INDH Costa Rica

El despliegue del potencial humano enfrenta innumerables obstáculos. Desde sus cimientos, el enfoque de desarrollo humano se ha ocupado de explorar las fuentes de la vulnerabilidad de las personas y de plantear opciones para ampliar las posibilidades de que estas desplieguen su proyecto de vida con libertad.

Existen vínculos estrechos entre vulnerabilidad humana e inseguridad ciudadana. La (in)seguridad –objetiva y subjetiva- resulta de la interacción compleja de formas de vulnerabilidad, pero a la vez las reproduce, porque limita las posibilidades de las personas para concebir y concretar un proyecto de vida y porque erosiona la cooperación social y la vida cívica necesarias para tal efecto.

El temor abunda entre la población de Costa Rica. Este no es un fenómeno nuevo pues desde hace al menos dos décadas, las encuestas muestran un alto grado de inseguridad entre los costarricenses, pero últimamente este sentimiento se ha profundizado y resalta el hecho de que no se corresponde con la realidad objetiva. El INDH 2005 “Venciendo el temor: (In) seguridad ciudadana y desarrollo humano en Costa Rica” investigó sobre cuatro modalidades de violencia: física, patrimonial, sexual y emocional y se constató que el miedo de las personas supera considerablemente al acaecimiento de la violencia en el país, en especial con respecto a la ocurrencia de la violencia sexual, cuyo acaecimiento es veinte veces inferior a la posibilidad atribuida por parte de la población.

Pero las distorsiones no se detienen allí. La población teme a los desconocidos, pese a que el advenimiento de la violencia por lo general tiene lugar entre personas conocidas; se teme a los espacios públicos, ignorando que es en los espacios privados donde tiene lugar el fenómeno de la violencia contra las mujeres, la modalidad de violencia más extendida en el país; se acusa a los extranjeros de ser los principales perpetradores de la violencia, a pesar de que la población extranjera es proporcionalmente menor que los nacionales en la conformación de la población penitenciaria, lo cual demuestra su participación marginal en el problema.

En su vertiente objetiva, no todas las modalidades de violencia se comportan de la misma manera. La violencia patrimonial es la que muestra un incremento preocupante en los últimos años. El porcentaje de hogares en que algún miembro fue víctima de un delito, en los doce meses anteriores a la entrevista, prácticamente se duplicó en menos de dos décadas, situándose en un 38,7% en el año 2004. No obstante, gran parte de esta cifra corresponde a modalidades de violencia patrimonial y en el contexto latinoamericano continúa siendo una de las más bajas.

La (in)seguridad lleva a las personas a tomar decisiones que menoscaban el despliegue de sus libertades en el plano individual. Renunciar a estar en la casa o a salir de ella, a utilizar el transporte público, a caminar por las aceras o a visitar los parques, son ejemplos de ello.

Otros tipos de acciones individuales repercuten sobre la colectividad, como sucede con la decisión de adquirir armas de fuego o de favorecer la segregación del espacio o la instalación de agujas que limitan el tránsito de las personas por los vecindarios.

La inversión y el empeño que las organizaciones comunales han puesto en la seguridad representa un costo de oportunidad con respecto a otros fines, tales como la educación y la salud, con los que tradicionalmente han estado comprometidas esas agrupaciones. La inseguridad ciudadana también erosiona el apoyo a las instituciones democráticas y a mecanismos colectivos sin los cuales el desarrollo humano no es posible. La confianza en las instituciones públicas disminuye entre quienes tienen más temor y con ello se ve socavada la adherencia a valores democráticos.

La renuncia colectiva a las libertades es la tendencia de la población que se manifiesta con claridad en la tendencia que muestra la población a favorecer el endurecimiento de penas y sanciones. Desde el temor se clama por respuestas autoritarias y se toman decisiones que repercuten negativamente sobre el ejercicio de la libertad.

Para disminuir la inseguridad se requiere colocar en perspectiva el fenómeno, mediante la creación y divulgación de información precisa y actualizada sobre el tema. Es necesario derribar los mitos, ampliamente extendidos que alimentan el debate público y que a menudo se invocan para defender el uso de políticas de mano dura.

Una sociedad más segura es factible, siempre y cuando se atiendan de manera adecuada las condiciones de vulnerabilidad que nutren la violencia, se disminuyan los factores de riesgo por medio del fortalecimiento de la capacidad institucional y empoderando a la población para que pueda contender con las amenazas. Para ello es indispensable apartarse de la arraigada creencia de que prevención y control son opciones irreconciliables. Las alternativas para responder a la inseguridad ciudadana pueden concebirse desde perspectivas muy diversas, que con frecuencia requieren combinarse para tener un verdadero impacto.

Acceda al INDH Costa Rica 2005

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