Revista Humanum | Contacto
http://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/
julio 29, 2009 / Parte del Boletín Nº 58 0
Juan Carlos Mazariegos

¿Unos vivimos porque otros mueren?

Recordemos… hagamos memoria. Entre 1925 y 1940, René Leriche definió la salud como la vida en silencio de los órganos del cuerpo. Antes de él, en 1865, Charles Daremberg escribía que en el estado de salud no se sienten los movimientos de la vida, todas las funciones se realizan en silencio1. En otras palabras, mientras menos se percibía, sentía o experimentaba el funcionamiento de los órganos, entonces la vida transitaba normalmente y naturalmente: se estaba sano. La salud se comprendía como la experiencia equilibrada de una vida normal; y sólo la enfermedad ubicaba a los seres humanos en presencia de sus órganos corporales.

Vivamos el presente. En la actualidad, esa situación se ha invertido: los órganos del cuerpo deben resonar, gritar, experimentarse como estados vívidos y sistemáticos. La investigación farmacológica, la experimentación médicocientífica, la manipulación genética, las patentes de comercio, la bolsa de valores, las aseguradoras privadas; la obesidad, la anorexia, las adicciones, las epidemias globales como el VIH/SIDA, las hambrunas y la globalización de la pobreza, etc., sitúan las experiencias de los órganos del cuerpo cotidianamente: se ha hecho necesario que, sin descanso, los órganos del cuerpo hablen y griten: lo que se ha normalizado es la enfermedad.

Asistimos, pues, a una etapa del desarrollo histórico social en la que la enfermedad se ha hecho parte fundamental en el funcionamiento del modelo político-económico global. Y nuestras realidades de pendientes no escapan a dicha verdad. Esto ha con llevado la creación y recreación de las maneras en las que percibimos, re presentamos y comprendemos la salud y la enfermedad: nuestro estado vital.

La finitud del ser humano nunca antes se había experimentado con la fuerza en la que se experimenta actualmente, con una variante importante: la proximidad al sentido de la muerte se vive, no como el fin de un ciclo natural, sino como la producción de la misma por los propios seres humanos. Sin duda, esto es el correlato de un mundo en el que la muerte producida por maquinarias bélicas y burocracias corporativas que fabrican guerras en el nivel mundial, de la mano con la crisis ecológica, se han vuelto parte del diario vivir de un mundo globalizado.

Comentarios

Comments

Comentarios

Deja un comentario

Suscríbete a nuestro boletín

SUSCRÍBASE A NUESTRO BOLETIN

El análisis y las conclusiones expresadas en este sitio son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, de su Junta Ejecutiva o de sus estados miembros.

Los comentarios publicados en Revista Humanum son responsabilidades de quienes los envían. Sin embargo, la Revista Humanum se reserva el derecho de no publicar comentarios que contengan: insultos, agresiones o difamaciones a personas o instituciones; promoción comercial de una empresa, producto o persona; virus, spam, encuestas, cadenas o similares; lenguaje obsceno, discriminatorio u ofensivo, y/o citas a materiales de terceros sin indicar la fuente.