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abril 11, 2013 0

Una mirada respecto a la situación de los ODM y el género

Por Martha Lía Velásquez Toro Consultora PNUD-Colombia Proyecto ODM

Foto: sandcastlematt / www.everystockphoto.com

Los ODM y la Cumbre del Milenio se constituyen en una oportunidad para integrar la perspectiva de género e incorporar los acuerdos internacionales y nacionales para el cumplimiento de metas no sólo del Objetivo 3 -promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer-; sino de manera transversal de los 8 objetivos. Uno de los retos es asegurar que cada uno de los ODM en sus indicadores pueda ser desagregado por sexo, contenga indicadores cuantitativos y cualitativos sensibles al género, y oriente  la definición políticas, programas y presupuestos que creen condiciones de posibilidad para alcanzar la equidad social y de género en diferentes campos.

El desafío de la igualdad y autonomía de las mujeres cruza todos los objetivos, de ahí la importancia de establecer relaciones analíticas y programáticas entre unos y otros; así como  identificar acciones coordinadas que dinamicen sinergias para potenciar y multiplicar los logros. La equidad de género, la libertad y la autonomía de las mujeres, requiere contar con opciones disponibles en la consecución de metas de los demás Objetivos.

Desde hace más o menos tres décadas, el Estado Colombiano, miembro del Sistema de Naciones Unidas, se ha comprometido con la no discriminación hacia las mujeres, con su empoderamiento y con el logro de la equidad entre mujeres y hombres, sin embargo:

  • La Equidad de género en Colombia sigue siendo un asunto marginal dentro de las agendas de los gobiernos.
  • Las Políticas de mujer y género en Colombia no han logrado consolidarse como políticas de Estado.
  • Los intereses y necesidades de las mujeres y de los hombres siguen desconociéndose en la planeación del desarrollo y la calidad de vida de las mujeres es aún precaria.

Si bien podemos registrar avances en la producción de información con desagregación por sexo, dista mucho de identificar las brechas y contar con un análisis que permita identificar y caracterizar las barreras  y los efectos de estas en la vida de las mujeres.

En lo que respecta el ODM 1 sobre Pobreza -Erradicar la pobreza extrema y el hambre-, se observa, en la Tasa de Incidencia de Pobreza por sexo según jefatura de hogar al año 2011, una brecha a nivel nacional entre hombres y mujeres de 3,3% (33,1% y 36,4% respectivamente). Al desagregarse por área, sin embargo, la brecha se incrementa a un 5% en las cabeceras municipales (28,7% hombres y 33,7% mujeres) y asciende a un 7,6% en el resto del territorio (44,7% hombres y 52,3% mujeres). En el caso de la Pobreza extrema se observa a nivel nacional una brecha entre hombres y mujeres de 2,4% (9,9% y 12,3% respectivamente). Nuevamente, al desagregar por área se observa un incremento de esta diferencia alcanzando un 3,4% en las cabeceras municipales (5,9% hombres y 9,3% mujeres) y un 8,8% en el resto del territorio (20,5% hombres frente a 29,3% mujeres).

De otra parte, Colombia registra a Diciembre del año 2012 una Tasa global de participación en el mercado laboral de  76,0% en el caso de los hombres y 54,3% en el de las mujeres lo que evidencia una brecha de 21,7% en los niveles de ocupación y desempleo.

Esta situación es aún más crítica cuando registramos que en el ODM 2 sobre Educación -lograr la enseñanza primaria universal- que las diferencias en los niveles de escolaridad entre ambos sexos son importantes: mientras los hombres de entre 15 y 24 años de edad tienen en promedio 9 añosde escolaridad, las mujeres tienen 9,6 años de escolaridad promedio. No podemos desconocer los avances en términos de acceso de las mujeres a la educación; sin embargo, esto no se refleja en mejores oportunidades de empleo e ingresos.

A pesar de que la participación de la mujer en el mercado de trabajo se ha incrementado en los últimos años, esta mayor participación no ha estado exenta de altas tasas de desempleo o de elevada participación en empleos de baja calidad. Finalmente, todavía se mantienen brechas en las remuneraciones de hombres y mujeres en el sector asalariado; ahondándose la brecha cuando se hace el análisis en el sector rural. Por lo tanto, todavía no se puede hablar de igualdad entre los sexos en el mercado de trabajo. Una parte de los problemas y limitaciones que enfrentan las mujeres se relacionan con la falta de tiempo para la dedicación a actividades que promuevan su desarrollo, participación y autonomía; debido a la sobrecarga de responsabilidades en el ámbito reproductivo y comunitario.

Respecto al ODM 3 que hace referencia a la Participación Política -promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer- el movimiento de mujeres ha abierto un espacio significativo en términos de incidencia política y de desarrollo de iniciativas legislativas para garantizar el derecho a la participación. Sin embargo, aún es incipiente su acceso a instancias de decisión. Por otro lado, pese a la amplia conformación de redes y organizaciones sociales de mujeres de muy diversa índole y de su papel crucial en el desarrollo, estos siguen invisibilizados. Las cifras son contundentes: en el período 2010-2014 en Cámara la conformación es de 87,4% hombres frente a 12,6% mujeres y en Senado 83,4% hombres frente a 16,6% de mujeres; cifras que se agravan en términos de representación a nivel departamental y municipal.

En otro ámbito, la Violencia basada en Género VBG, ha pasado a constituir un asunto de Salud Pública en el país por cuanto genera efectos físicos, sicológicos e incluso la muerte de mujeres en diferentes edades; situación que se convierte en una de las principales barreras para el empoderamiento de las mujeres. El Instituto de Medicina Legal en Forensis 2011 muestra que el 92,6% de los casos de incidentes de violencia de pareja entre 18 y 29 años recae sobre las mujeres.

Es evidente que efectos de la VBG, los bajos niveles de escolaridad en muchas mujeres y la precariedad del ingreso tienen una relación directa con el ODM 4 que busca reducr la mortalidad de los menores de 5 años. En sectores que registran incrementos de la mortalidad de menores de 1 año, se ha encontrado que los años promedio de educación de la madre son de solo 5,4 años y menos; son muy jóvenes (promedio de 25 años); lo que evidencia que la educación de la madres, el nivel de ingresos y el conocimiento y acceso a métodos de planificación tiene un impacto significativo en la mortalidad infantil.

Retos:

  • Tenemos que asegurar que cada uno de los ODM retome los compromisos internacionales anteriores, aún no atendidos
  •  Definir indicadores cuantitativos y cualitativos sensibles al género, que puedan orientar la formulación de políticas y programas que transversalicen la perspectiva de género, abriendo las puertas hacia la creación de condiciones de posibilidad para la equidad social y de género en todas las dimensiones.
  • Crear Sistemas de Información desagregada por sexo, edad, etnia, ocupación, nivel socioeconómico, origen, territorio y otras variables cualitativas relacionadas con todas las Áreas o sectores, con el fin de lograr una Planeación más adecuada a las necesidades de los diferentes grupos poblacionales.
  • Acciones de formación y sensibilización para abrir una discusión sobre la Equidad de Género y Equidad social en el desarrollo con diferentes estamentos de la sociedad.
  • Ubicar el tema en la agenda de la política pública para superar la visión de acciones afirmativas que se han centrado fundamentalmente en oficinas de mujer a nivel institucional y en proyectos para mujeres.

Lograr la Equidad de Género requiere cambios en las prácticas sociales e institucionales; y un mayor protagonismo de las mujeres en el diseño de las sociedades.

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