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julio 12, 2007 / Parte del Boletín Nº 34 0
Por Thierry Lemaresquier, Representante Residente del PNUD-México1

Nuevo INDH: Migración y Desarrollo Humano

“Todos somos migrantes” ha dicho en repetidas ocasiones el escritor mexicano Carlos Fuentes. Su apreciación no sólo es una invitación para considerar con empatía la suerte de millones de personas que en todo el mundo viven de manera cotidiana la experiencia del desarraigo, sino una llamada de atención respecto a las numerosas implicaciones que tiene el fenómeno de la migración en la vida de todos nosotros.

En México, hoy en día, muchos coincidirían con Fuentes. Los vínculos familiares, afectivos, económicos o simplemente simbólicos que, al hilo de los desplazamientos geográficos de las personas, se han tejido entre las comunidades de un lado y del otro de las fronteras de México, entre sus entidades federativas o sus regiones, constituyen un elemento central en la vida del país. Su estudio se ha vuelto, pues, imprescindible.

Además de estar íntimamente ligadas al desarrollo humano, las migraciones en México guardan una estrecha relación con otro fenómeno que ha guiado la agenda de investigación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el país: las desigualdades.

Este Informe parte de la más sencilla, la expectativa de un mejor ingreso fuera de la comunidad de origen, pero indaga sobre los vínculos entre migración y las principales brechas que siguen frenando el desarrollo humano a causa de las diferencias de sexo, etnia, origen social o nacionalidad.

¿Migrar es una decisión en libertad o es la única opción disponible? Esta es la pregunta que sin prejuicios nos hacemos respecto a la posibilidad y el derecho de movimiento que tienen las personas. Las respuestas son tan variadas como complejos son los problemas de desarrollo del país. La principal conclusión de este Informe, sin embargo, es que el determinante central de la migración no es la pobreza sino las desigualdades. Los sectores más desfavorecidos del país ni siquiera tienen esa opción. El corolario es entonces poderoso: pese a los esfuerzos por frenarla, incluyendo los coercitivos, seguirá habiendo migración mientras subsistan las desigualdades.

Este tercer Informe Nacional sobre Desarrollo Humano cierra un primer ciclo de investigación dedicado a estudiar las causas y las consecuencias de las desigualdades; por eso debe leerse a la luz de los dos documentos anteriores, el primero sobre el desarrollo regional y el segundo centrado en el ámbito municipal. De hecho, una de las conclusiones de política pública más importantes en el tema migratorio nos devuelve al nivel local. Allí es donde más se puede hacer en términos de desarrollo para atenuar los efectos perniciosos asociados a la migración. Allí también es donde puede iniciar la cooperación con los demás órdenes de gobierno y la sociedad civil para construir una agenda migratoria que atienda todas las facetas del problema.

No hay que olvidar que el objetivo último de este tipo de investigación es aportar elementos sólidos a la discusión pública y sugerir una manera útil de ordenar el debate que existe sobre la forma que debería tomar la política migratoria. El proceso mismo de confección de los Informes supone un esfuerzo para consultar y recabar la pluralidad de voces que sobre el tema emanan de los distintos sectores de la comunidad nacional e internacional.

El movimiento de las personas es y seguirá siendo un fenómeno de gran relevancia. La propia agenda colectiva a nivel global lo ha demostrado.

Basta con recordar el Diálogo de Alto Nivel que se realizó en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York los pasados 14 y 15 de septiembre de 2006. En este sentido, el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2006-2007 retoma y profundiza algunas de las consideraciones que ya están generando consenso a nivel mundial. La más importante es que, en la discusión y las políticas sobre migración, tanto a nivel nacional como supranacional, la persona del migrante, y sus derechos fundamentales, deben ser el centro de las preocupaciones.

Hoy en día, es indispensable que el debate sobre migración considere sus causas y sus efectos, y favorezca la búsqueda de mecanismos para su tratamiento integral. La problemática de México, al ser simultáneamente país emisor, receptor, de migraciones internas y de paso, nos recuerda también que las políticas migratorias deben fortalecer el multilateralismo y rechazar acciones unilaterales que atenten contra el clima de diálogo y los derechos de las personas.

Si todos somos migrantes, sólo con más comprensión y empatía, y menos contención y desconfianza, seremos capaces de honrar la causa del desarrollo humano.

Acceda al Informe: www.undp.org.mx/desarrollohumano

1- Presentación publicada en el Informe de Desarrollo Humano México 2006-2007: Migración y Desarrollo Humano.

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