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enero 13, 2010 / Parte del Boletín Nº 64 0
Glenda Gallardo

Migración, desarrollo humano y ciudadanía

El paradigma del desarrollo humano plantea que las personas deben de contar con las capacidades y oportunidades que les permitan vivir la vida que tienen razones para valorar. A este fin, el logro de libertades negativas, como la falta de alimentación, la carencia de educación o de educación pertinente y de calidad, la falta de empleo, la pobreza, entre otros, son únicamente requisitos básicos para que las personas puedan ejercer sus libertades positivas, como por ejemplo un empleo digno, el poder participar en las decisiones que se toman en su comunidad, el poder constituir una familia, por mencionar solo algunos. Para el ejercicio tanto de las libertades negativas como positivas es necesario que las personas puedan ejercer su capacidad de agencia, y a este fin es indispensable que el Estado y la sociedad en su conjunto gesten los espacios y las oportunidades necesarias.

El ejercicio de estas libertades está estrechamente vinculado con la condición ciudadana. En su condición de ciudadanos plenos, las personas deben ser capaces de ejercer todos sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y de solidaridad de los pueblos o colectivos. Asimismo, el ejercicio de la ciudadanía plena entraña responsabilidades. Es aquí donde se rescata el elemento del compromiso social que deben ejercer los ciudadanos/as de una nación. Ese compromiso social implica, entre otros, un activo involucramiento en los asuntos de interés colectivo, el sentido de identidad no solo individual, sino que también colectivo.

Para el pleno ejercicio de la ciudadanía, como ya se mencionó, es fundamental que las personas puedan ejercer su capacidad de agencia en lugar de ser concebidos únicamente como receptores de las acciones que se desarrollan en su país o comunidad. Contrario a la ciudadanía plena, la condición de ciudadanos/as precarios presente en las discusiones actuales, señala que la ciudadanía precaria puede darse cuando unos de los ámbitos de la ciudadanía, social, civil y política no es ejercida plenamente. Al analizar indicadores socioeconómicos de distintas regiones en desarrollo del mundo son evidentes los retos existentes. América Latina no es la excepción. No obstante que la región ha observado avances relevantes, aún persisten sendos desafíos en materia socioeconómica a ser superados a fin que la condición ciudadana pueda ser ejercida plenamente.

Al analizar el fenómeno migratorio, particularmente en el caso de la migración irregular, destaca el vínculo entre migración y ciudadanía precaria. En el caso hondureño, y conforme la encuesta de percepción levantada en todo el país en el marco del Informe Nacional de Desarrollo Humano, 2006, las principales razones por las que los y las hondureños y hondureña emigran del país es por problemas económicos y problemas de empleo. Al darse la emigración, sobre todo si es irregular, los hondureños en el exterior pueden, al acceder a empleos mejor remunerados, superar algunas limitantes al ejercicio de su ciudadanía social. Sin embargo, y sobre todo en los casos de la emigración irregular, el ejercicio de la ciudadanía civil y política se verá limitado por su condición migratoria, por consiguiente estos ámbitos de la ciudadanía también estarán limitados.

Estas limitantes al ejercicio de la ciudadanía plena, tanto en el país de origen como en el país de destino, en el caso de la migración irregular, plantean una limitante para el desarrollo humano de las personas, pues tanto en el país de origen como en el de destino se ven limitadas en sus capacidades y oportunidades por lo que le es inviable vivir la vida que tienen razones para valorar.

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