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junio 20, 2012 1

El reencuentro con doña Dionisia

Por Leslie Ruiz Baldelomar, especialista en comunicación e investigadora del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2011. Las juventudes construyendo Nicaragua

Matagalpa, Nicaragua. Foto: www.citypictures.org

Desde principios de año mis colegas y yo hemos andado por varios rincones del país, “de la ceca a la meca”, compartiendo el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2011: Las juventudes construyendo Nicaragua, a través de charlas, foros, talleres, teatro, música… las modalidades han sido diversas. En todos los lugares hemos encontrado un gran interés de personas -sobre todo adolescentes y jóvenes-, organizaciones, instituciones y movimientos locales que no han dudado en apoyar nuestras iniciativas de diseminación.

Gracias al trabajo en alianza, hemos tenido mucho éxito en la convocatoria, tanto en calidad como en cantidad. Logramos el préstamo de locales para las sesiones de presentación y discusión; transmisiones gratuitas de las cuñas radiales y del spot televisivo del Informe. Todo eso ha permitido optimizar los recursos disponibles para la ejecución del plan de difusión del INDH 2011.

Esta enorme y franca voluntad de quienes nos han acompañado, en especial, la entrega de los y las adolescentes y jóvenes durante las actividades, han hecho posible que esta fase de diseminación sea igual de aleccionadora que la primera, la fase de redacción del Informe, cuando, encerrados entre cuatro paredes, nos la pasamos analizando la abundante información recolectada durante el proceso de consulta e investigación, redactando, compartiendo, otra vez redactando, diseñando, corrigiendo, haciendo pruebas de impresión y por fin, la impresión final.

Cuando preguntan qué ha significado para nosotros ser parte de esta experiencia, coincidimos en que es igual, o mejor, que haber hecho una maestría.

La mayoría de las iniciativas emprendidas las planificamos como parte de la estrategia de comunicación, pero, aparte recibimos solicitudes de universidades y de organismos de la sociedad civil, por mencionar algunos sectores.

Una de las invitaciones más recientes fue extendida por la Fundación Mujer y Desarrollo Económico Comunitario (FUMDEC). El objetivo era que fuésemos a Matagalpa a compartir los mensajes y hallazgos desde una perspectiva de género, con las mujeres que participan en la edición número 16 de la Escuela de Lideresas. Esta Escuela tiene como propósito central dotar de conocimientos, herramientas y técnicas a mujeres organizadas que viven en comunidades rurales para que se empoderen y puedan, a su vez, contribuir a que otras mujeres inicien o avancen en sus procesos de empoderamiento.

Tomando en cuenta lo enriquecedor que son estos espacios, me apresuré a expresar mi interés en esta misión, obteniendo de inmediato una respuesta positiva. Era mi oportunidad de implementar un esquema diferente de presentación, más inclinado a lo vivencial, lo cotidiano.

En lugar de iniciar con una exposición basada en un power point y ya que estaba en Matagalpa, le pedí a una de las jóvenes integrantes de la Escuela, el favor de leer la historia de Petrona (página 109 del INDH 2011), una joven matagalpina que actualmente ronda los 23 años y que vive en situación de exclusión social.

Doña Dionisia cuenta que ahora es vocal en su comunidad de una organización llamada Mujeres organizadas de un nuevo amanecer. Foto: PNUD El Salvador

Luego de establecer los primeros vínculos entre lo que vive Petrona y la perspectiva del desarrollo humano, le solicité a otra joven que leyera un segundo testimonio presentado en el Informe. Se trata del caso de Dionisia (página 118), también de Matagalpa, quien durante mucho tiempo vivió al vaivén de las decisiones de su ex marido y nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir, hasta que se separó y decidió alfabetizarse.

La joven empieza a leer: Cuenta doña Dionisia que cuando estaba con el padre de sus hijos no podía “ni sacar la nariz” de la casa porque inmediatamente la regañaba. Recuerda que le decía: “Sólo las mujeres vagas andan en la calle” y que eso de estudiar era “pura dundera”. Pero cuando él se fue del hogar, doña Dionisia aprovechó la oportunidad de aprender a leer y escribir a sus 34 años de edad. Ella relata que cuando le decía a su pareja que el niño más pequeño debía estudiar, él le contestaba que era una locura, que los chavalos no andan estudiando. “Poquito después que él se fue de la casa, yo lo eché (lo envió) a la escuela”, agrega.

De repente, casi en murmullos, escucho: “Soy yo. Esa Dionisia soy yo”. Le pedí a la joven que estaba leyendo que pare y de inmediato pregunté: Dionisia ¿es usted? “Sí, soy yo”, me contesta con una risa impregnada de nervios. A mí los pelos se me pusieron de punta, pues la primera y única vez que conversé con Dionisia fue en diciembre de 2009, cuando me trasladé a Matagalpa a recoger testimonios para el Informe y ella muy amablemente accedió a contarme un poco de su vida. La recuerdo como una mujer muy sencilla, de respuestas breves. Jamás pensé volverla a ver y menos en una charla sobre el Informe.

Doña Dionisia actualmente se está formando en la Escuela de Lideresas, desde el año pasado asiste a capacitaciones promovidas por FUMDEC. El pasado 10 de mayo impartió su primer taller sobre autoestima a doce mujeres de su comunidad. Y lo hizo solita. Dice que su cuñada sólo le ayudó a la hora de las lecturas, pues todavía no sabe leer y escribir correctamente.

“Me dio nervios al principio porque apenas estoy aprendiendo, pero ya después del saludo se me fueron quitando”, me comentó doña Dionisia, aunque lo más difícil no fue impartir la clase, sino convencer a las mujeres de que llegaran al taller, puesto que sus maridos les dicen que “eso es vaguería. Pero eso pasa porque los hombres no quieren que las mujeres tengan su autoestima elevada. Quieren seguir humillándolo a uno”, opina esta mujer de 37 años de edad.

Confiesa que al final del taller se sintió muy contenta. Descubrió que no es cierto que no sirva para nada, como su ex marido le decía, “claro que sí sirvo”, me dijo con firmeza.

La joven terminó la lectura del testimonio de doña Dionisia y al final todas estaban asustadas por la coincidencia, pero sobre todo, por conocer a flor de piel la forma en que doña Dionisia se ha superado, poco a poco, venciendo múltiples dificultades. Estoy segura que su esfuerzo – que a su vez legitima el proceso de consulta y el mensaje central del Informe – ahora será ejemplo para todas las mujeres que alguna vez se sentarán a escucharla y aprender con ella y de ella. Qué lujo ser parte de esto.

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Una Respuesta a “El reencuentro con doña Dionisia”

  1. AZARÍAS I. CHÁVEZ dice:

    Excelente el artículo. Lo único que lamento es que se utilicen términos muy desafortunados para el español, como “empoderar”, cuando en su lugar puede ocuparse el muy español término “apropiarse” . Me parece que es un uso muy manido en textos como estos, que suelen aparecer como para causar una enorme impresión de erudicción para el que los lee o para que no se entienda por quien no maneja esas traducciones poco felices -que no creo sea el caso de la autora. Por lo demás, es muy revelador que testimonios como el de la persona mencionada sean, en concreto, parámetros de medición del avance de las personas.

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