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mayo 23, 2012 3

El gran desafío del presente y el futuro: los jóvenes en el mundo del trabajo

Por Ma. Daniela Sánchez López – Investigadora del Informe sobre Desarrollo Humano y los ODM en PNUD Bolivia

 

Foto: PNUD

En el paradigma de desarrollo humano  el incremento de las capacidades y las libertades de las personas son pilares fundamentales para enmarcar los procesos de avance social y del bienestar. Estos procesos tienen una dimensión temporal donde el presente es el momento para tomar acciones que permitan lograr mayores y mejores niveles de bienestar tanto para las generaciones presentes como las futuras. Sin embargo, la actual crisis económica ha tenido un profundo impacto en las expectativas y esperanzas sobre un mejor futuro. Hoy por hoy, la aspiración natural de que las generaciones futuras gocen de más y mejores oportunidades está en entredicho ante un complejo escenario de crisis ambiental, económica, social y política.

Las protestas masivas que se generaron el 2011 a nivel mundial tienen en común dos aspectos: un rostro joven y una agenda similar: trabajo, libertad y justicia social. El punto de partida sigue siendo las desigualdades que se perpetuán y se transmiten entre generaciones. En el caso de los jóvenes existe una fuerte desigualdad de oportunidades además de una alarmante contradicción entre la potencialidad del colectivo de jóvenes en el desarrollo y las oportunidades reales que un país les otorga para desarrollarlas.

La juventud es una etapa fundamental donde se fortalecen (o no) capacidades que definirán la inserción (o exclusión) en la vida productiva y social, así como la posibilidad de actuar protagónicamente en el desarrollo de un proyecto de vida propio y de un ideal de sociedad. En este sentido, una mirada a los jóvenes en el mercado de trabajo nos muestra un panorama complejo donde los diferentes procesos sociales y económicos estructuran, reproducen o reducen desigualdades, tanto entre generaciones como también entre sectores.

Según datos de la OIT (2012)[1], a nivel mundial cuatro de cada 10 jóvenes carecen de un empleo (74.8 millones de jóvenes entre los 15 y 25 años), tanto hombres como mujeres tropiezan con crecientes obstáculos para encontrar un trabajo decente y en los últimos 20 años el desempleo en los jóvenes se ha triplicado en promedio comparado con el de los adultos. Asimismo, 6.4 millones de jóvenes habrían perdido las esperanzas de encontrar un trabajo y se han apartado del mercado por completo. En América Latina si bien la crisis ha tenido impactos menos visibles que en las economías industrializadas, una proporción importante de empleos es generada en la economía informal de baja productividad lo cual afecta enormemente las expectativas y oportunidades de los jóvenes para encontrar un trabajo decente y mejor remunerado.

 

Los jóvenes en Bolivia

Veamos en concreto, el caso de un país de desarrollo humano medio-alto como Bolivia.

Bolivia tiene un rostro joven, según la proyección censal al 2010: seis de cada diez bolivianos son menores de 30 años. La proporción de jóvenes entre 15 y 24 años en el área urbana es 73% (1.414.787 jóvenes) mientras que en área rural es 23% (526,684  jóvenes).

Una gran mayoría de los jóvenes trabajadores bolivianos tienen una precaria inserción en la fuerza de trabajo. En particular, aquellos entre 15 y 18 años que se insertan sin educación secundaria completa son los más propensos al desempleo y a conseguir trabajos de baja productividad y reducidos salarios en la economía informal. Cabe destacar que la inserción de los jóvenes en la economía informal más que ser una elección racional de un joven es su única opción laboral y esta opción no solo conlleva  bajos ingresos; sino también escasos beneficios y  una baja calidad laboral.

El primer empleo para la inmensa mayoría de jóvenes bolivianos no representa el peldaño inicial para una carrera laboral, por el contrario, éste se convierte en el eslabón de una serie de empleos precarios, con pocas oportunidades y bajas remuneraciones. Una vez más, la desigualdad más allá de la esfera del ingreso se traduce en pocas oportunidades y una trayectoria laboral desvalorada.

Según estimaciones realizadas sobre la base de datos de la Encuesta de Hogar (2008), la tasa de participación global de los jóvenes en la fuerza de trabajo muestra que existe una disparidad entre el área urbana y rural por tramos de edad. En el área rural, 7 de cada 10  jóvenes (15 a 24 años) se insertan tempranamente a trabajar en sobre todo en tareas agrarias y en la economía informal.

En el área urbana, 3 de cada 10 jóvenes entre 15 y 17 años y casi 6 de cada 10 jóvenes entre 18-24 años están insertos en el mercado de trabajo. El primer y gran empleador de los jóvenes es la economía informal: en promedio 6 de cada 10 trabajadores y trabajadoras jóvenes en las áreas urbanas son trabajadores asalariados informales y trabajadores del sector familiar no remunerado.

Por tramos de edad y en el área urbana, existe una heterogeneidad en la situación de los jóvenes (Ver gráfico 1):

- Un 7% de jóvenes entre 15 y 17 años abandonaron la escuela y se dedican solamente a trabajar. Esto equivale a 33 mil jóvenes.

-  15% de  jóvenes entre 15 y 17 años estudian y trabajan a la vez. Esto representa 71 mil jóvenes en las áreas urbanas

-  En el caso de los jóvenes entre 18 y 24 años, un 16% también estudia y trabaja representando a 153 mil jóvenes.

-  Los “ni ni”: la mayor población de jóvenes que ni estudian ni trabajan se encuentra en el rango de 18-24 (representando un 15%), esto equivale a 141 mil personas.

 

Gráfico 1 – Caracterización jóvenes área urbana (2008)

             Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Encuesta de Hogar – INE

¿Cuáles son las implicaciones de los datos presentados? Un porcentaje importante de los jóvenes en Bolivia se ven obligados a trabajar desde temprana edad asumiendo responsabilidades en los negocios familiares o como empleados de terceras personas.  Esta inserción conlleva sueldos ínfimos, falta de horarios de trabajo, y un difícil acceso a la educación. Además, los empleos precarios del sector informal, no tienen ningún tipo de prestación social y la acumulación de experiencia laboral es poco valorada desmotivando la capacitación y formación de los y las trabajadoras con altos riesgos de marginación social.

La caracterización por edades y actividad nos muestra un dato preocupante: 141 mil jóvenes no estudian ni trabajan en las áreas urbanas. ¿Es esta situación una muestra de la incapacidad del país para generar oportunidades para los jóvenes? ¿Qué se está perdiendo en nuestro mercado de trabajo y en el capital humano con los jóvenes que están en esta situación? ¿Qué políticas podrían adecuarse para esta masa crítica de jóvenes que enfrentan exclusión y discriminación? ¿Podrían estas políticas articularse con una agenda centrada en seguridad ciudadana y desigualdades?

El círculo perverso de menos educación, empleo precario y bajos salarios no solo es una pérdida global para la economía, sino también, es un mecanismo que perpetúa las desigualdades. La creciente tasa de desempleo juvenil y la elevada concentración de jóvenes no calificados y de bajos ingresos son signos preocupantes de cómo opera la fuerza laboral en un contexto como el boliviano de elevada pobreza.

Es por tanto una prioridad de política pública focalizar y potenciar acciones y programas que mejoren las condiciones de inserción laboral de los jóvenes, se garanticen derechos laborales universales no solo como una estrategia efectiva de reducción de la pobreza y desarrollo humano, sino también como la apuesta más importante de un país para encarar un futuro mejor y con mayores oportunidades y libertades.


[1] Organización Internacional del Trabajo (OIT), 2012: Informe V: La crisis del empleo de los jóvenes: ¡Actuemos ya! y Tendencias mundiales del empleo 2012: Prevenir una crisis mayor del empleo.

Comentarios

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3 Respuestas a “El gran desafío del presente y el futuro: los jóvenes en el mundo del trabajo”

  1. Beatriz Loayza dice:

    Bolivia, efectivamente tiene un rostro joven, pero ese rostro está marcado por la discriminación, la falta de oportunidades, el desempleo y la miseria. Muy interesante el artículo de Daniela, ya que nos presenta una perspectiva desde la cual podemos comenzar a plantearnos la problemática de la juventud, para tratar de encontrar soluciones gubernamentales que transformen al país en productivo y generador de empleos.

  2. oswaldo sánchez dice:

    Excelente enfoque de un problema de la realidad del país con un análisis objetivo, sólidamente respaldado y con perspectiva de los retos a futuro

  3. alyson dice:

    todos los jóvenes están en un gran desafio no solo en Bolivia sino en todo el mundo

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