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mayo 15, 2007 / Parte del Boletín Nº 32 0
Giovanni E. Reyes, Coordinador del Informe Nacional de Desarrollo Humano PNUD-Venezuela1

Economías centroamericanas: el golpe de la vulnerabilidad petrolera

Datos recientes publicados por la Comisión Económica de América Latina (CEPAL) lo confirman: la dependencia energética que en general tiene Centroamérica, y en particular los altos precios del petróleo, golpean fuertemente la balanza comercial de la región, y amenazan con volver al fantasma de la inflación. Se espera que para fines de este año, el aumento de la factura petrolera regional sea de 42%, respecto al año pasado, llegando a la suma de 1,700 millones de dólares.

El aumento del precio de petróleo y derivados, que ha sido galopante desde el verano de 2003, ha hecho que las importaciones se vean aumentadas en un 51% para El Salvador, 50% para Guatemala, los países de mayor industria tradicional en la región. Para Costa Rica, ese aumento ha sido de 46%, en tanto que Honduras y Nicaragua ese indicador ha sido de 53 y 54% respectivamente.

Para los países centroamericanos, el porcentaje de la factura petrolera como componente del déficit de la cuenta corriente, subió de 83% en 2004 a 118% en 2005. Esto ha reforzado la gran vulnerabilidad económica externa de la región, ha hecho contraer las demandas efectivas de los consumidores, y contribuye al empobrecimiento de amplias capas poblacionales.

Es cierto que en la región, Guatemala, especialmente en la zona noroccidente, la colindante con México, posee yacimientos petroleros, pero el rendimiento de los mismos no cubre la demanda interna. Algunos sectores de investigación, han señalado es especial desde los años setenta, que tales reservas tendrían el carácter de “estratégicas” en función de los intereses de Washington. Se trata de una conjetura que puede ser cierta, pero no ha sido plenamente probada. Lo cierto es que esa zona compartiría los mantos petroleros de la Selva Lacandona, donde se asientan precisamente los grupos indígenas que se han organizado en el movimiento zapatista, en el estado mexicano de Chiapas.

Ante un embate de precios de esta naturaleza, los países centroamericanos tienen que sacrificar otras líneas de inversión, que podrían ampliar la oferta de productos y servicios en los mercados internos, y sobre todo para exportación. La vulnerabilidad petrolera no sólo castiga los rubros que se dejan desatendidos, sino que enfatiza los gastos de “operación” de las economías internas. De esa manera se pierden oportunidades de expansión, profundización y especialización productiva, en particular ahora que las economías subregionales deben adaptarse previa entrada en vigor de los acuerdos de libre comercio que se han firmado con Estados Unidos.

Otro de los efectos en las condiciones internas de los mercados, es que con el aumento del petróleo y la energía, automáticamente ocurre un efecto en cadena, una repercusión multiplicadora de precios en otros bienes.

Al encarecerse los combustibles que constituyen el “flujo sanguíneo” de las economías de los países, los precios de los otros productos, en forma generalizada tienden al alza, al repunte significativo. Esto erosiona el ya decaído poder de compra de muchos sectores que basan la satisfacción de sus necesidades en los ingresos asalariados. La tendencia es la de confirmar la condición de margilidad y pobreza en al menos un 52% de los centroamericanos, en tanto la clase media ve como su nivel de vida se restringe, y se ingresa en una secuencia de empobrecimiento que se puede hacer imparable.

En estas condiciones, la región se va haciendo terreno por demás fértil para que retorne el fenómeno inflacionario. Esta vez no por la irresponsable acción de aumento a mansalva de la masa monetaria, sino por causa de encarecimiento de los insumos. Inflación por el lado de los costos. Existen serios riesgos de retornar a un escenario que se creía ya superado desde finales de los años ochenta en la región.

Como ya se ha hecho costumbre, la excepción hasta cierto punto es de nuevo Costa Rica. Es claro que este país no puede anular los efectos del aumento del precio de combustibles, pero tiene otros recursos. Desde 1948 eliminó el ejército, lo que le supone un gran ahorro en las cuentas nacionales, además y esto es dramáticamente importante, ha transformado la naturaleza de sus exportaciones. En lugar de café, azúcar y bananos, ahora vende en el exterior, computadoras.

Los precios de los combustibles y su efecto “rebote” arrinconan los presupuestos familiares de los centroamericanos. La región va conformando condiciones de calentamiento social, propicias para desenlaces inesperados. Esto es particularmente evidente en Nicaragua, donde la elección presidencial para noviembre será influida decisivamente por este fenómeno de encarecimiento general del nivel de vida.

 

 

 

1- Ph.D. en Economía para el Desarrollo / Relaciones Internacionales de la Universidad de Pittsburgh; con certificados de post-grado de las Universidades de Pennsylvania y Harvard. Coordinador del Informe de Desarrollo Humano, PNUD-Venezuela. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor, y no comprometen las de institución alguna. Giovanni.reyes@undp.org

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