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marzo 11, 2010 / Parte del Boletín Nº 66 0

A desaprender la violencia

Cuando se ha aprendido la violencia como una manera de resolver las dificultades, es necesario cambiar el rumbo. Desaprender la violencia requiere de transformaciones en el individuo, en los valores legitimados socialmente y de respaldo a los liderazgos orientados hacia la paz y la convivencia.

En muchas regiones de Colombia, la violencia sigue siendo una vía para enfrentar los problemas, desde los políticos hasta los familiares. Por eso, entre otras razones, en el año 2009 hubo 15.817 homicidios, y en algunas ciudades, como en Medellín, este delito aumentó en 64% con relación a 2008, según la Policía Nacional.

Paralela a esta situación, hoy son numerosas las experiencias en varias zonas del país que le están apostando a incrementar las expresiones de convivencia, a transformar las formas agresivas de las relaciones y a “desaprender la violencia”.

Según los expertos y experiencias e iniciativas de este tipo, dicho desaprendizaje debe comprender la violencia en una dimensión amplia, que incluye entender, a su vez, que:

    • El origen de la violencia “generalmente se remite a la infancia, en personas que no tuvieron la posibilidad de construir relaciones de amor, confianza y cuidado”, afirma Nubia Torres, profesora de Psicología de la Universidad Javeriana.

 

    • Las maneras de expresar la violencia se aprenden en los grupos sociales, ya sea el hogar, el barrio, la escuela o en grupos organizados, y se refuerzan en los discursos sociales y los medios de comunicación.

 

    • La violencia se desata de manera especial ante situaciones de impotencia: “los padres y madres castigan con la fuerza porque no saben qué más hacer y la gente coge la justicia en sus manos ante el desespero porque esta no funciona”, afirma Vera Grabe, directora del Observatorio para la Paz.
    • La violencia se formaliza cuando las personas se vinculan a bandas delincuenciales o grupos armados. “Esto sucede cuando las personas se encuentran en el limbo, entre la falta de acceso al estudio, el trabajo, a una vida segura y las presiones de reclutamiento de bandas y grupos armados”, agrega.

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