Permítame discrepar acerca de Río+20

Publicado el 9 de julio, 2012 | 0 comentarios | Archivado en : , , , , , , ,

Foto: ONU

Tengo dos confesiones que hacer. Estuve en Río+20. Y además soy cínico por naturaleza. Mi lema en la vida es “siempre sospecha lo peor en los demás y raramente te decepcionarás”.

Fui parte del equipo PNUD que preparó la Cumbre y, por supuesto, parte de la delegación. Estuve siguiendo las expectativas que se crearon acerca de la Cumbre, así como la información sobre lo que realmente iba a ser el evento.

Desde el comienzo hubo una campaña fuerte por mostrar Río+20 como la reunión medioambiental más importante de la historia. Además, dados los importantes resultados de Río92, solo sería aceptable tener una reunión que transformara el multilateralismo.

Mi yo cínico estaba siendo alimentado con una interminable serie de primeros informes indicando que las distintas sedes no estarían listas a tiempo, que los Jefes de Estado no asistirían y que el Documento Final no tenía ambiciones. En otras palabras, todo marchaba como esperaba.

Fue en contra de este contexto que varias voces, incluyendo al país anfitrión, Brasil, y el PNUD, recordaron al mundo que el desarrollo sostenible es acerca de integrar las tendencias de lo social, lo económico y lo medioambiental del desarrollo. Después de todo, los temas intergeneracionales no están siendo tomados debidamente en cuenta si no apuntamos a las necesidades de aquellos que hoy están viviendo en la pobreza extrema.

Como siempre, el diablo estaba en los detalles. ¿Cómo ir de la retórica a la acción? Aquí, la segunda ola de mala prensa fue implacable. Era el retrato de una reunión condenada al fracaso. Mientras las negociaciones todavía se estaban llevando a cabo, todos estaban felices martillando los clavos en el ataúd de Río+20 y del multilateralismo en general.

Pocos días antes de la llegada de los Jefes de Estado a Río de Janeiro y con el acuerdo de un poco más del 30% de los párrafos del Documento Final, todo parecía indicar que la condena era cierta.

Solo que ellos estaban equivocados terriblemente. Con los negociadores brasileros tomando la iniciativa, el Documento Final se acordó a tiempo. En éste, el mundo claramente se compromete con el desarrollo sostenible como el único camino viable. Se especifica claramente que el desarrollo sostenible debe ser entendido como la integración de tendencias medioambientales, sociales y económicas. Se establece un proceso incluyente para alcanzar un marco post 2015, incorporando un nuevo conjunto de objetivos que deben ser universales. Se compromete con la Energía Sostenible para Todos que implica la biodiversidad de los océanos, el agua y el saneamiento. Se da al Sistema de las Naciones Unidas un mandato fuerte para continuar apoyando la aceleración de los ODM en los años restantes.

En mi opinión, el párrafo 106 es clave para el PNUD: “Nosotros también hacemos hincapié en la necesidad de otorgar la máxima prioridad a la erradicación de la pobreza dentro de la agenda de desarrollo de las Naciones Unidas, abordando las causas profundas y desafíos de la pobreza a través de estrategias integradas, coordinadas y coherentes a todos los niveles”.

Aunque no todo fue bueno. El punto más bajo del Documento Final es que los derechos reproductivos de las mujeres fueron omitidos del texto. Las consecuencias negativas de tamaña omisión ya han sido señaladas por la Administradora del PNUD, Helen Clark.

Cumbres como la de Copenhague, Johannesburgo y ahora Río han adquirido cada vez más relevancia también por lo que sucede fuera de las negociaciones. Creo que necesitamos comenzar a mirarlas, y a registrarlas, como “Ferias comercial sobre desarrollo” o algo por el estilo.

Hubo más de 700 compromisos concretos registrados en la Conferencia por parte de gobiernos, empresas, industrias, instituciones financieras y sociedad civil. Estos ascendieron a $513 mil millones de dólares en fondos, haciendo de Río+20 la más exitosa “Feria comercial sobre desarrollo” de la historia.

Río también marcó un cambio tectónico con relación a la participación de la sociedad civil y la transparencia en el proceso. Con la introducción de los RíoDiálogos, por primera vez en una cumbre mundial de este tipo, los ciudadanos alrededor del mundo tuvieron la oportunidad de discutir e influir concretamente en el resultado.

Estos dos últimos hechos de Río+20 cambian las reglas del juego y marcarán, a mi juicio, las cumbres mundiales venideras mucho más que el Documento Final.

Por último, cuando Río+20 estaba cerca de llegar a su fin, llegó el gran anuncio. El nuevo Centro Mundial sobre Desarrollo Sostenible. Esta iniciativa pionera, una asociación entre el Gobierno de Brasil y el PNUD, será el primer centro para investigar y facilitar el intercambio de conocimiento y promover las discusiones internacionales sobre desarrollo sostenible, explícitamente entendido como la integración de las tendencias sociales, económicas y medioambientales.

Después de todo, quizás debería reconsiderar mi lema.

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