“Mujer ¿por qué no trabajas?”

Publicado el 7 de agosto, 2012 | 17 comentarios | Archivado en : , , , , ,

Caricatura de Laura Nicolobi

Tal vez una de las revoluciones más importantes del siglo XX ha sido la entrada en masa de las mujeres de niveles superiores de educación al mercado de trabajo, lo que ha provocado cambios significativos en la familia.  A pesar de importantes avances en las últimas décadas, existe una menor participación de la mujer en el mercado laboral, en la diferencia de salarios y en la ocupación de cargos de poder. Comparado con otras regiones del mundo, América Latina sigue teniendo una de las brechas más altas de participación laboral entre hombres y mujeres y algunos países como Honduras, Guatemala, México, Nicaragua y Panamá tienen una brecha entre hombres y mujeres de más del 30%.

¿Será que hemos llegado a un equilibrio en donde no habrán muchas más mujeres que entren al mercado de trabajo?  ¿Por qué a pesar de la gran expansión educativa, no hay más mujeres con trabajos remunerados?

Gráfico 1. Diferencia de la participación laboral entre hombres y mujeres en  países de América Latina

        Nota: Elaboración del autor con base en World Development Indicators

Algunos estudios sobre la relación de género en el trabajo y la familia (ver Laura Chiodi, Claudia Goldin, Raquel Fernández)  indican que las decisiones de las mujeres de participar en el mercado laboral están asociadas con capital humano (educación y salud) la estructura del hogar (por ej., familia compuesta, nuclear, madres jefas de hogar), normas sociales (como el machismo, roles de género, normas culturales, etc.) y preferencias personales. La interacción de estos factores le otorga o le quita poder de negociación a la mujer dentro del hogar en decisiones sobre inversión en educación o de participación en el mercado de trabajo. Por ejemplo, una joven indígena en Guatemala tiene menos poder de negociación con sus padres respecto a su educación debido a normas sociales locales.  Por el contrario, ésta joven puede tener más poder de negociación sí vive en un hogar con una madre jefa de hogar que valora la educación como instrumento de movilidad social. A pesar de tener ingresos muy bajos, esposos en culturas machistas no permiten a sus esposas buscar trabajo remunerado.

Entender estos factores es crucial porque introducen una nueva complejidad al estudio de las decisiones laborales de la mujer. La inversión de capital humano no es suficiente para mejorar la brecha de género en el mercado laboral y hay que tener en cuenta cómo las decisiones en el seno del hogar son tomadas, y como el poder interno de negociación de las mujeres con sus padres, esposos y otros miembros de la familia influencian sus decisiones con respecto al mercado laboral. Sin embargo, las implicaciones de las teorías de negociación en el hogar pueden ser fácilmente malinterpretadas, ya que hacen parte del ámbito privado de factores culturales, psicológicos y de preferencias fuera del alcance del Estado y de políticas públicas.  Un elemento que se deja frecuentemente por fuera, y que está fuertemente asociado con los factores ya mencionados, es el cuidado de familia. Éste último es la base invisible de la economía, es en gran medida suministrado por las mujeres y se mantiene alejado del trabajo remunerado(1). La comida debe ser comprada, cocinada, puesta en la mesa, los platos y la ropa deben ser lavados. Los bebes, niños o discapacitados deben ser alimentados y bañados. Todas estas actividades no remuneradas cumplen un rol central en la economía, sobre todo en países en desarrollo como los latinoamericanos, caracterizados por sistemas precarios de protección social, en donde la familia cumple el rol que en países industrializados cumple el estado de bienestar.

En mi opinión, la gran implicación de la evidencia sobre los juegos de poder en el hogar es que debemos crear nuevos incentivos en materia de género. Por ejemplo, algunas normas sociales  como el machismo y el control sobre la mujer están fuertemente asociadas con el nivel socio-económico del hogar, así como con el nivel educativo de la mujer y el hombre. Mayores niveles de educación están asociados con menor fertilidad, lo que libera el tiempo que la mujer le dedica al cuidado de los hijos. Tener acceso a sala-cunas gratuitas de calidad puede ayudar a muchas mujeres que desearían y necesitan trabajar, pero que no pueden por el cuidado de la familia. Se debe pensar en un mercado laboral que facilite la flexibilidad de tiempo y de ubicación a mujeres con hijos, familiares discapacitados o ancianos. En ámbitos profesionales de oficinas hace años que dejamos de relacionarnos en persona, y pasamos  dos terceras partes de nuestro tiempo en cubículos, tomando decisiones con nuestros vecinos por medio de correos electrónicos.

¿Y, usted qué opina?  ¿Se deben, o no, cambiar las normas sociales? ¿Hasta qué punto, el gobierno u organizaciones internacionales tienen poder o legitimidad para cambiar preferencias, normas sociales o para interferir en el poder de negociación de la mujer en el seno de su hogar?

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(1) Estos temas han sido trabajados bajo la “Economía del Cuidado”. Ver por ejemplo “The Political and Social Economy of Care in a Development Context: Conceptual Issues, Research Questions and Policy Options”,  “Alternative Economics from a Gender Perspective”; Bigo, V. 2004 “Gender and Care: an overview of the ´hidden´ economy”, University of Cambridge; .

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