Financiamiento a la educación: el dilema que viene

Publicado el 2 de octubre, 2012 | 1 comentarios | Archivado en : , , ,

Foto: Renzo Grande (www.aliveinnyc.com)

Los países latinoamericanos se acercan rápidamente a lo que ha sido llamado “la trampa de la renta media”, o cuando menos a algo muy parecido. Perderán su ventaja competitiva a medida que los salarios vayan aumentando y que no se logre establecer economías con alta productividad, intensivas en capital.

Para evitar esta fatalidad, una de las posibilidades se encuentra en fomentar a un ritmo acelerado el incremento del capital humano en la población a través de la educación. En la región entendimos que ésta era una urgencia, por lo que expandimos considerablemente la cobertura de nuestros sistemas de educación básica, y asumimos que el segundo paso era hacer lo mismo con las universidades, sin darnos cuenta que en realidad nos estábamos saltando un paso. Nos quedamos con rezagos muy importantes en términos de calidad de la educación primaria y sobre todo secundaria.

Evidencia del bajo nivel de la educación básica en América Latina son los bajos puntajes de los exámenes de PISA, estudio realizado a escala mundial por la OECD que evalúa las capacidades de estudiantes de 15 años originarios de 59 países en áreas de matemáticas, ciencia y lenguaje. Estos resultados sugieren que la juventud latinoamericana está sufriendo de un déficit en capital humano por año de estudio con respecto a países de altos ingresos, proveniente en parte de la baja calidad de la enseñanza básica. Aunque no podemos argumentar que existe una relación causal, algunos estudios han demostrado que existe una correlación entre los gastos por alumno y los resultados.

La educación es costosa ya que difícilmente se pueden obtener economías de escala o grandes saltos de productividad sin comprometer la calidad del output. Como lo podemos observar en el siguiente gráfico, los países con mejores resultados son aquellos que invierten más en capital humano.

 

Los países con mejores resultados son aquellos que invierten más en capital humano.

¿Por qué entonces suelen escucharse tanto las voces que se quejan de la falta de recursos en el sector post secundario? Es verdad que en promedio los gobiernos latino-americanos consagraron 75% de su presupuesto educativo en la educación no terciaria.[1] Sin embargo, algunos estudios apuntan que por cada año suplementario de instrucción que tenga un individuo, los beneficios sociales disminuyen, mientras que los costos por cada año suplementario de estudio aumentan. En años recientes los gobiernos de la región en promedio incurrieron en gastos de alrededor de 60% más por estudiante en estudios terciarios que en pupilos de estudios primarios y secundarios. Los dos países que gastaron menos fueron Chile y Argentina (-22% y -13% respectivamente) mientras que, posicionados al otro extremo del cuadro, México y Guatemala gastaron 192% y 134% más respectivamente.[2]

Finalmente, si observamos las cifras, al discriminar por quintiles las tasas de asistencia y conclusión de los estudios post secundarios, podemos ver que no siempre necesariamente son la personas más desfavorecidas las que asisten a este nivel educativo. El financiamiento de la educación superior puede implicar en algunos casos subsidios de estudiantes de hogares con ingresos relativamente mayores, como quizá podría argumentarse para países como México y Argentina, donde alrededor de 70% de los gastos en educación superior emanan de las cajas públicas, a diferencia de países como Chile, donde esta cifra es de sólo el 17%.

Así, aunque en términos de política pública no es posible hablar de un juego de suma cero entre los niveles educativos, y que el incremento de los gobiernos latinoamericanos en su gasto público en educación (4.3 % del PIB) es un objetivo plausible, antes de aumentar la inversión pública en las universidades debería considerarse también con mayor atención los retornos sociales que podrían obtenerse de la mejora efectiva de la calidad en la educación básica. Este tema representa sin duda uno de los ejes clave para el desarrollo, el cual deberá seguir discutiéndose en los años por venir, con el fin de hacer frente a la transformación por la que atraviesan hoy un buen número de países en la región latinoamericana y los nuevos retos que traerá consigo.



[1] Porcentaje de distribución del gasto público corriente en educación por nivel. Circa 2009.

[2] Estas cifras se calcularon usando las cifras para gasto público por nivel por pupilo como porcentaje del PIB per cápita de la base de datos World Development indicators del Banco Mundial (Circa 2009).

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Una Respuesta a “Financiamiento a la educación: el dilema que viene”

  1. Sin lugar a dudas, el tema del financiamiento educativo en los países con economías emergentes es en la actualidad uno de los principales centros de la controversia política. En América Latina se pueden ubicar diversos modelos de instrumentación del financiamiento educativo: Chile, por ejemplo, ocupa el primer lugar en cuanto a la provisión educacional desde el sector privado, en caso contrario, México es el país que mayor inversión estatal proporciona a su educación pública. No obstante, los resultados son tan disímbolos como la propia conformación de estas dos naciones lo permite. México presenta una cobertura en su educación básica de un 100%, 97% para la secundaria, y 94.5% para la media superior o terciaria. Sin embargo, y a pesar de las enormes cifras destinadas a la educación; 8% del PIB, los resultados aun dejan mucho que desear. Gran parte de esta financiamiento se dedica a solventar una de las nóminas más elevadas en el plano mundial pues en ella se ubican poco más de millpon y medio de docentes de educación básica, 89% de la masa presupuestal va a salarios. Por lo tanto, el tema de la inversión en capital humano hacia mayores dimensiones como el abatimiento de la brecha tecnológica, el mejoramiento de la calidad educativa y la evaluación docente, entre otros asignaturas pendientes como el equipamiento y la infraestructura, no encuentran mejor respuesta presupuestal. Y qué decir del nivel medio superior; es cierto, se registra una cobertura muy amplia pero es en este nivel donde se vive la mayor pérdida en la creación de capital humano, a pesar de contar el sistema mexicano con un programa muy amplio de compensación vía becas de estudio que benefician a por lo menos el 70% de sus estudiantes. Cómo explicar entonces un deficitario egreso que apenas rebasa el 50% de su matrícula total. Que aunado a la muy baja cobertura existente para la Educación Superior, arrojan un panorama muy difícil de comprender ante tan alta inversión publica. Me parece que, si bien es cierto se debe seguir incrementando el gasto público en educación, debe centrarse fundamentalmente en los aspectos que definen la calidad de la educación;pasar de la cantidad al detalle cualitativo como la evaluación docente y la focalización compensatoria hacia los grupos más vulnerables de la sociedad: Comunidades indígenas en primer lugar, pues es allí donde se ofrecen los servicios educativos que presentan las mayores deficiencias en todos los campos, seguido de un ambicioso programa tutorial que tenga como finalidad abatir la alta reprobación y deserción y, en consecuencia, incrementar sustancialmente la tasa de egreso. Resta la problemática de la cobertura con pertinencia de la educación superior que en México es de apenas 30% del total de los jóvenes que egresan de la media superior. Que dicho sea de paso, es de las más bajas entre las naciones que pertenecen a la OCDE.

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